En Ícarus se presenta una estructura basada en la alternancia entre música barroca con influencias de la antigüedad clásica, como importante pilar de nuestra cultura, en alusión a la sofisticación del mito del laberinto y músicas de vanguardia, incluyendo electrónica e instrumentos de nueva invención, como son la flauta Prónomo o el flaudamio, en referencia a un razonamiento heurístico.
La pieza se presenta en tres actos: el laberinto, el vuelo de Ícaro y la caída. Cada una de las partes presenta una estructura basada en propuestas sonoras experimentales, sobre las que se engarzan en un plano alternativo la sofisticación del iluminismo de Rameau junto a la belleza melódica y la riqueza rítmica de la música de danza de Lully, dos visiones del barroco francés que coincide en ser un delicioso manjar, para terminar con la sobriedad de la música para los funerales de la reina Mary de Purcell como colofón al trágico desenlace del mito de Ícaro.
